Análisis
Qué es el chivo expiatorio en política y cómo se usa para manipular
# Qué es el chivo expiatorio en política y cómo se usa para manipular
El chivo expiatorio es una técnica de manipulación política que consiste en atribuir a un grupo, individuo o enemigo simbólico la culpa principal de problemas complejos, aunque ese actor no sea la causa real o solo tenga una responsabilidad parcial. Su utilidad política es evidente: simplifica la realidad, canaliza frustración social, cohesiona a un “nosotros” contra un “ellos” y desvía la atención de fallas institucionales, económicas o gubernamentales.
No es una técnica menor. Forma parte del repertorio más amplio de la propaganda política y se relaciona con la demagogia, la polarización, la moralización del debate y la construcción de enemigos. Para entender el marco más amplio de estas técnicas, conviene leer también el artículo sobre demagogia y técnicas de manipulación política.
La tesis central puede resumirse así:
El chivo expiatorio es una de las técnicas más eficaces de manipulación política porque transforma problemas complejos en una historia simple de culpa colectiva. Su peligro no está solo en que distorsiona la realidad, sino en que prepara psicológica y políticamente el terreno para la exclusión, la represión o incluso la violencia contra grupos enteros.
Qué significa chivo expiatorio en política
Un chivo expiatorio político es un actor al que se le atribuye la responsabilidad principal de una crisis o problema social para desplazar la atención, simplificar el conflicto y movilizar emociones.
La fórmula básica es simple:
“El país está mal por culpa de ellos.”
Ese “ellos” puede adoptar muchas formas:
- una minoría étnica o religiosa;
- inmigrantes;
- empresarios;
- “enemigos internos”;
- potencias extranjeras;
- opositores políticos;
- clases sociales;
- medios de comunicación;
- tecnócratas;
- disidentes;
- regiones enteras;
- élites reales o imaginadas.
La clave está en la atribución desproporcionada de culpa. El grupo señalado no tiene que ser completamente inocente para que exista manipulación. A veces puede haber responsabilidad parcial, errores reales o conflictos legítimos. La técnica aparece cuando el discurso convierte a ese grupo en culpable absoluto, borra matices y oculta causas más profundas.
Por eso el chivo expiatorio no es simplemente “criticar a alguien”. Es transformar a un actor en explicación total de una crisis.
Cómo funciona psicológicamente el chivo expiatorio
El chivo expiatorio funciona porque satisface varias necesidades emocionales y cognitivas al mismo tiempo: reduce incertidumbre, ofrece un culpable visible, ordena el conflicto y permite descargar frustración.
Simplificación cognitiva
Los problemas sociales suelen tener múltiples causas: instituciones débiles, incentivos mal diseñados, errores de política pública, corrupción, shocks externos, ciclos económicos, problemas culturales o fallas de coordinación. El chivo expiatorio reduce todo eso a una causa emocionalmente clara.
Ejemplos de estructura narrativa:
- “No hay empleo porque los inmigrantes lo roban.”
- “Hay inflación porque los comerciantes especulan.”
- “Hay inseguridad porque tal grupo contamina la nación.”
- “La crisis no es culpa del gobierno, sino de enemigos externos.”
- “El país no progresa porque una élite sabotea al pueblo.”
Esta simplificación es políticamente eficaz porque ofrece una explicación fácil de repetir. No necesita demostrar toda la cadena causal; basta con producir una sensación de claridad moral.
Canalización de frustración
En contextos de crisis, miedo o pérdida de estatus, la población busca una causa visible de su malestar. La lógica del *scapegoating* sostiene que la agresión puede dirigirse hacia grupos que no causaron realmente la frustración, pero que están disponibles como blanco social o político. EBSCO resume la teoría del chivo expiatorio como el proceso por el cual frustración y agresión se redirigen hacia un grupo que no causó la frustración.
En psicología social, esta dinámica se relaciona con la hipótesis frustración-agresión. Britannica explica que el *scapegoating* implica generalizar rasgos estereotipados a todo un grupo y exagerar sus semejanzas, convirtiéndolo en blanco de frustraciones sociales. Véase su explicación sobre la hipótesis frustración-agresión y el chivo expiatorio.
Creación de identidad grupal
La técnica divide el mundo en dos bloques:
- nosotros: pueblo, nación, trabajadores, verdaderos ciudadanos, víctimas;
- ellos: parásitos, traidores, invasores, enemigos, conspiradores.
Esto produce cohesión interna. El líder, partido o movimiento aparece como protector del grupo amenazado. La política deja de ser discusión sobre problemas reales y se convierte en defensa emocional contra un enemigo.
Deshumanización gradual
El chivo expiatorio suele avanzar por fases:
1. señalamiento; 2. estereotipo; 3. culpa colectiva; 4. deshumanización; 5. exclusión legal; 6. violencia o represión.
La ONU advierte que el discurso de odio contra grupos protegidos puede escalar hacia violencia, atrocidades y crímenes internacionales. Por eso esta técnica no debe tratarse como una simple exageración retórica. En ciertos contextos, puede preparar el terreno para daños reales.
El chivo expiatorio según René Girard
Desde la teoría cultural de René Girard, el mecanismo del chivo expiatorio permite a una comunidad disipar tensiones internas redirigiendo violencia hacia un *outsider*, cuya expulsión o sacrificio restaura momentáneamente la cohesión social. Britannica resume este punto en su explicación del mecanismo del chivo expiatorio en René Girard.
La idea es útil para pensar la política. Cuando una sociedad atraviesa una crisis, el conflicto interno puede volverse insoportable. El chivo expiatorio ofrece una salida emocional: en vez de reconocer fallas propias, instituciones deterioradas o decisiones equivocadas, se concentra la tensión sobre un enemigo visible. La comunidad se siente momentáneamente unida porque todos miran hacia el mismo culpable.
El problema es que esa cohesión es falsa o precaria. No resuelve la causa real del conflicto. Solo la desplaza.
Por qué los líderes usan chivos expiatorios en tiempos de crisis
Los líderes políticos usan chivos expiatorios porque la técnica produce beneficios inmediatos.
Da una explicación simple
Las crisis complejas generan ansiedad. Una explicación técnica puede ser cierta, pero difícil de comunicar. El chivo expiatorio ofrece una explicación emocionalmente directa.
Desvía responsabilidad
Sirve para proteger al gobierno, al partido, al líder o al sistema de responsabilidad directa. Si la culpa es de “ellos”, entonces el poder no tiene que responder por sus decisiones.
Activa emociones fuertes
Funciona especialmente bien con miedo, resentimiento, humillación, inseguridad económica o sensación de pérdida cultural. La política deja de apelar a razones y empieza a movilizar rabia.
Justifica medidas excepcionales
Una vez construido el enemigo, el poder puede presentar controles, censura, confiscaciones, deportaciones, detenciones o violencia como “defensa necesaria”.
Reduce el costo moral de la represión
Si el grupo señalado es visto como amenaza existencial, la población puede tolerar abusos que antes habría rechazado. El castigo deja de parecer injusticia y empieza a verse como protección.
Condiciones que favorecen el chivo expiatorio
No toda crisis produce chivos expiatorios, pero algunas condiciones aumentan mucho la probabilidad de que la técnica prospere:
- crisis económica;
- inflación;
- desempleo;
- derrota militar;
- humillación nacional;
- polarización;
- baja confianza institucional;
- medios capturados o propaganda intensa;
- inseguridad real o percibida;
- cambios demográficos rápidos;
- miedo cultural;
- líderes con incentivos para desplazar culpa.
La técnica suele ser más efectiva cuando la sociedad ya está ansiosa, dividida o predispuesta a buscar culpables.
Las fases del chivo expiatorio: de la culpa al castigo
El chivo expiatorio suele operar como un proceso gradual.
Fase 1: nombrar al culpable
Primero se identifica un grupo y se lo convierte en categoría política:
- “los kulaks”;
- “los judíos”;
- “los extranjeros”;
- “los saboteadores”;
- “los traidores internos”;
- “los especuladores”;
- “los enemigos del pueblo”.
El nombre importa. Sirve para condensar miedo, resentimiento y sospecha.
Fase 2: atribuir causalidad total
El grupo es presentado como causa de males diversos:
- crisis económica;
- decadencia moral;
- derrota militar;
- crimen;
- escasez;
- contaminación cultural;
- conspiración política.
Cuanto más amplio es el mal atribuido, más útil resulta el enemigo.
Fase 3: borrar individualidad
Ya no hay personas concretas. Hay una masa homogénea culpable. El individuo desaparece detrás de la categoría.
Fase 4: exigir castigo o purga
La solución política aparece como eliminación, expulsión, confiscación, vigilancia, censura o neutralización.
Fase 5: repetir y normalizar
La propaganda convierte una acusación inicialmente extrema en sentido común. Lo que al principio parecía exagerado termina pareciendo obvio.
Ejemplos históricos de chivos expiatorios políticos
El chivo expiatorio ha aparecido en regímenes autoritarios, movimientos populistas, contextos de guerra, crisis económicas, procesos revolucionarios y campañas de propaganda. No pertenece a una sola ideología.
Alemania nazi y los judíos
El caso nazi es el ejemplo paradigmático. La propaganda nazi atribuyó a los judíos responsabilidades por problemas económicos, políticos, culturales y raciales de Alemania. El Museo del Holocausto de Estados Unidos explica que los antisemitas han usado históricamente a los judíos como chivos expiatorios y los han culpado falsamente de problemas sociales amplios. En el caso nazi, ese antisemitismo fue central en la persecución y asesinato sistemático de seis millones de judíos europeos. Véase la explicación del USHMM sobre antisemitismo y chivos expiatorios.
La propaganda nazi también definió al “enemigo” como pieza central de su ideología. El USHMM señala que una parte clave de la ideología nazi era definir quién amenazaba a la supuesta raza aria, y que la propaganda identificaba a los judíos como el enemigo principal. Véase su recurso sobre cómo el nazismo definía al enemigo.
Cómo operó la técnica
Alemania venía de derrota militar, crisis económica, hiperinflación previa, desempleo y resentimiento pos-Versalles. Los nazis ofrecieron explicaciones simples. Los judíos fueron presentados como conspiradores, corruptores, enemigos internos y causa de decadencia.
La propaganda convirtió prejuicios antiguos en política de Estado. El resultado fue exclusión legal, expropiación, guetización, deportación y genocidio.
Lección política
El chivo expiatorio puede comenzar como propaganda electoral y terminar como política exterminadora cuando se combina con Estado totalitario, deshumanización y aparato coercitivo.
La Unión Soviética y los kulaks
Durante la colectivización forzosa, el régimen soviético convirtió a los kulaks —campesinos relativamente más acomodados o simplemente etiquetados como tales— en enemigos de clase responsables del fracaso agrícola, la resistencia rural y los problemas de abastecimiento.
El Center for Holocaust and Genocide Studies de la Universidad de Minnesota explica que los campesinos exitosos que se oponían a la colectivización fueron etiquetados como “kulaks” por la propaganda soviética, declarados enemigos del Estado y eliminados como clase; esa eliminación sirvió para advertir a opositores, transferir tierra confiscada y eliminar liderazgo rural. Véase su guía sobre Holodomor, colectivización y kulaks.
Sciences Po Mass Violence también señala que Stalin justificó su ataque a los kulaks describiéndolos como una amenaza para la supervivencia del régimen soviético, supuestamente por negarse a vender grano al Estado. Véase su análisis sobre dekulakización y violencia masiva.
Cómo operó la técnica
El régimen necesitaba imponer colectivización. Los problemas de producción y resistencia campesina fueron atribuidos al “sabotaje kulak”. La categoría se expandió de “campesino rico” a “enemigo político”. La culpa de fallas estructurales de la política estatal fue desplazada hacia un grupo social.
La etiqueta justificó deportaciones, confiscaciones y violencia.
Lección política
El chivo expiatorio no siempre es étnico o religioso. También puede ser de clase.
Estados Unidos y los japoneses-estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial
Tras Pearl Harbor, el gobierno estadounidense ordenó la exclusión y encarcelamiento de personas de ascendencia japonesa. El National Park Service señala que casi 113.000 personas de ascendencia japonesa vivían en la costa oeste y que dos tercios eran ciudadanos estadounidenses. También indica que ninguna persona de ascendencia japonesa residente en EE. UU. fue condenada por un acto serio de espionaje o sabotaje durante la guerra, pero fueron removidas de sus hogares y enviadas a centros de reubicación. Véase su recurso sobre la historia del internamiento japonés-estadounidense.
Los National Archives explican que el ataque a Pearl Harbor desató miedo sobre la seguridad nacional, especialmente en la costa oeste, y que la Orden Ejecutiva 9066 llevó al encarcelamiento de japoneses-estadounidenses. Véase su material sobre Japanese Relocation durante la Segunda Guerra Mundial.
Cómo operó la técnica
Hubo un ataque real: Pearl Harbor. Pero la sospecha fue trasladada colectivamente a una población entera. La ascendencia étnica fue tratada como indicador de amenaza. Se suspendieron derechos fundamentales con argumento de seguridad nacional.
Lección política
El chivo expiatorio puede operar incluso en democracias constitucionales, sobre todo bajo miedo de guerra. No requiere necesariamente un régimen totalitario.
Ruanda y la propaganda contra los tutsis
Antes y durante el genocidio de 1994, la propaganda extremista hutu presentó a los tutsis como amenaza existencial. AP recuerda que en 1994 extremistas hutu mataron a alrededor de 800.000 personas, principalmente tutsis. Véase su cobertura sobre el genocidio de Ruanda y sus conmemoraciones.
La propaganda genocida en Ruanda no solo culpabilizaba al grupo señalado; lo deshumanizaba y lo convertía en objetivo legítimo. La literatura sobre propaganda y genocidio identifica Ruanda como ejemplo central de cómo medios y líderes pueden distorsionar información, construir amenaza y facilitar violencia masiva. Véase el estudio sobre propaganda y genocidio.
Cómo operó la técnica
Se construyó al tutsi como enemigo interno. Se lo asoció con amenaza militar y conspiración. Los medios extremistas normalizaron lenguaje deshumanizante. La violencia fue presentada como defensa comunitaria.
Lección política
El chivo expiatorio se vuelve letal cuando se combina con propaganda masiva, milicias, colapso institucional e incitación directa.
Myanmar y los rohinyá
La persecución contra los rohinyá también muestra una lógica de chivo expiatorio étnico-religioso. La ONU ha advertido que el discurso de odio contra minorías puede incitar violencia, atrocidades y crímenes internacionales. Véase su explicación sobre grupos afectados por discurso de odio.
En 2018, investigadores de la ONU señalaron que Facebook tuvo un papel “determinante” en alimentar odio e incitación contra los rohinyá en Myanmar, según cobertura de *Time* basada en declaraciones de la misión investigadora de Naciones Unidas. Véase el reporte de *Time* sobre Facebook, Myanmar y violencia contra los rohinyá.
Cómo operó la técnica
Una minoría fue presentada como extranjera, peligrosa o incompatible con la nación. Se difundió discurso de odio. La propaganda facilitó aceptación social de expulsión, violencia y persecución.
Lección política
En la era digital, el chivo expiatorio puede amplificarse mediante redes sociales, rumores virales y desinformación algorítmica.
Inmigrantes como chivo expiatorio en crisis contemporáneas
En democracias actuales, una forma frecuente de esta técnica es culpar a inmigrantes de desempleo, crimen, presión sobre servicios públicos o pérdida cultural. Esto no significa que todo debate migratorio sea *scapegoating*. La técnica aparece cuando se transforma a un grupo entero en causa simplificada de problemas complejos.
Un estudio en *International Migration Review* señala que, en contextos de crisis, los inmigrantes suelen convertirse en blancos probables de *scapegoating* por el aumento de la saliencia política de la inmigración, especialmente tras la crisis migratoria europea de 2015-2016. Véase el estudio sobre crisis, inmigración y scapegoating.
Un artículo del *British Journal of Political Science* sobre shocks económicos e inmigración señala que, durante recesiones, los políticos a menudo culpan a los inmigrantes como fuente de problemas económicos y sociales. Véase el análisis de Cambridge University Press sobre shocks económicos y actitudes hacia la inmigración.
Cómo opera la técnica
Se toma un problema real: empleo, vivienda, seguridad o servicios públicos. Luego se reduce a una causa única: inmigrantes. Se omiten factores como política económica, productividad, regulación, crimen organizado, Estado de bienestar, sistema judicial o mercado laboral. Finalmente, se proponen medidas punitivas contra el grupo señalado.
Lección política
El *scapegoating* migratorio puede coexistir con problemas reales de integración o gestión fronteriza. La manipulación aparece cuando el discurso sustituye análisis causal por culpa colectiva.
Cómo distinguir una crítica legítima de un chivo expiatorio
No toda crítica a un grupo, institución o actor es manipulación. Esta distinción es fundamental para no trivializar el concepto.
Crítica legítima
Una crítica legítima:
- identifica responsabilidades específicas;
- aporta evidencia;
- distingue individuos, organizaciones y grupos;
- reconoce múltiples causas;
- permite proporcionalidad;
- evita deshumanización;
- propone soluciones verificables.
Ejemplo: decir “una red concreta cometió fraude documentado” no es chivo expiatorio.
Chivo expiatorio
Un chivo expiatorio:
- culpa a un grupo entero;
- usa estereotipos;
- exagera causalidad;
- oculta responsabilidades propias;
- reduce problemas complejos a una causa;
- usa miedo o resentimiento;
- justifica castigo colectivo.
Ejemplo: decir “todos los miembros de ese grupo son responsables de la decadencia nacional” sí se aproxima a la técnica.
La diferencia está en la precisión causal. Una crítica legítima identifica hechos, responsables y evidencia. El chivo expiatorio convierte una categoría entera en culpable moral.
Señales para detectar la técnica
Señales discursivas
Algunas frases típicas:
- “Ellos son la raíz de todos nuestros problemas.”
- “Si eliminamos a ese grupo, el país se arregla.”
- “No hay crisis económica, hay sabotaje.”
- “No hay fallas del gobierno, hay traidores.”
- “No son ciudadanos reales.”
- “Son parásitos.”
- “Son una enfermedad.”
- “No merecen derechos normales.”
Estas expresiones no prueban por sí solas todo el mecanismo, pero son señales de alerta.
Señales políticas
También conviene observar conductas políticas:
- se aumenta propaganda contra un grupo durante una crisis;
- se evitan auditorías o responsabilidades reales;
- se usan cifras sin contexto;
- se aprueban medidas de excepción;
- se castiga colectivamente;
- se criminaliza la disidencia;
- se fusiona oposición con enemigo nacional.
Señales mediáticas
En medios y redes, la técnica puede aparecer así:
- repetición constante de casos extremos como si fueran norma;
- uso de imágenes deshumanizantes;
- titulares que asocian automáticamente grupo y amenaza;
- ausencia de datos comparativos;
- historias emocionales sin contexto causal.
Funciones políticas del chivo expiatorio
Función de distracción
Oculta errores de gobierno, corrupción, mala gestión o fallas estructurales. La discusión pública se desplaza desde la responsabilidad real hacia un enemigo conveniente.
Función de cohesión
Une a la base política contra un enemigo común. La identidad del grupo se fortalece por oposición.
Función de legitimación
Permite presentar al líder como protector. Si existe una amenaza absoluta, el poder se presenta como escudo necesario.
Función de purga
Justifica expulsiones, confiscaciones, encarcelamientos, censura, deportaciones o depuraciones.
Función de simplificación ideológica
Convierte una doctrina política compleja en relato emocional. Ya no hace falta explicar políticas; basta con señalar enemigos.
Relación con populismo, autoritarismo y propaganda
El chivo expiatorio no pertenece exclusivamente a una ideología. Puede usarse desde la derecha, la izquierda, nacionalismos, movimientos revolucionarios, dictaduras militares, teocracias o democracias en crisis.
Sin embargo, es especialmente compatible con:
- populismo polarizante;
- autoritarismo;
- propaganda estatal;
- nacionalismo excluyente;
- movimientos revolucionarios de purga;
- regímenes que necesitan enemigos permanentes.
El populismo de miedo suele construir amenazas y proponer culpables para movilizar políticamente. El ECPS describe el populismo de miedo como una forma en que partidos populistas construyen peligros reales o imaginados y proponen chivos expiatorios a quienes culpar.
El punto importante es este: la técnica no define por sí sola una ideología. Define una forma de manipulación.
Por qué no basta con decir “es propaganda”
El chivo expiatorio es más específico que la propaganda general.
Propaganda
La propaganda busca persuadir, movilizar o controlar percepciones.
Chivo expiatorio
El chivo expiatorio es propaganda basada en culpa desplazada.
Su estructura mínima es:
1. hay crisis; 2. el poder necesita explicación; 3. se identifica un enemigo conveniente; 4. se le atribuye causalidad excesiva; 5. se exige castigo o exclusión; 6. la población obtiene alivio emocional.
Por eso no toda propaganda usa chivos expiatorios, pero todo chivo expiatorio político puede funcionar como propaganda.
Por qué esta técnica es peligrosa para una sociedad libre
Desde una óptica liberal clásica o libertaria, el chivo expiatorio es especialmente peligroso porque ataca principios básicos:
- individualismo jurídico;
- igualdad ante la ley;
- responsabilidad individual;
- debido proceso;
- límites al poder;
- libertad de expresión;
- propiedad;
- protección de minorías;
- rechazo del castigo colectivo.
El liberalismo tiende a preguntar:
- ¿qué hizo exactamente esta persona?
- ¿cuál es la evidencia?
- ¿qué responsabilidad individual existe?
- ¿qué límites tiene el Estado para castigar?
- ¿se está usando una crisis para expandir poder?
Por eso, el chivo expiatorio es una técnica antiliberal: reemplaza responsabilidad individual por culpa colectiva.
El problema no es solo que mienta sobre las causas de una crisis. El problema es que crea permiso social para castigar a alguien por ella.
Riesgos de factualidad al hablar de chivos expiatorios
Para usar bien el concepto, conviene evitar exageraciones.
No afirmar sin evidencia
No conviene decir automáticamente:
- que todo discurso contra un grupo es *scapegoating*;
- que toda política migratoria restrictiva es *scapegoating*;
- que toda denuncia contra élites es falsa;
- que toda referencia a enemigos externos es manipulación;
- que un grupo señalado nunca tiene responsabilidad alguna.
Formular con precisión
Mejor:
“El discurso usa elementos de chivo expiatorio cuando atribuye a un grupo una responsabilidad total o desproporcionada por problemas complejos.”
Peor:
“Toda crítica a ese grupo es fascismo.”
Diferenciar niveles
Para analizar un discurso político, hay que distinguir:
- causalidad real;
- exageración;
- estereotipo;
- culpa colectiva;
- deshumanización;
- persecución.
Esta precisión evita que el concepto se vuelva un insulto genérico.
Preguntas útiles para identificar un chivo expiatorio
Ante un discurso político que señala culpables, conviene preguntar:
1. ¿Se está culpando a personas concretas o a un grupo entero? 2. ¿Hay evidencia proporcional a la acusación? 3. ¿Se reconocen causas múltiples? 4. ¿Se oculta responsabilidad del gobierno o de instituciones concretas? 5. ¿Se usan estereotipos? 6. ¿Se propone castigo colectivo? 7. ¿Se deshumaniza al grupo señalado? 8. ¿Se aprovecha una crisis para expandir poder? 9. ¿Se fusiona disidencia con traición? 10. ¿La solución propuesta es verificable o solo punitiva?
Estas preguntas ayudan a separar crítica legítima de manipulación.
Conclusión
El chivo expiatorio es una de las técnicas más antiguas y peligrosas de manipulación política. Su fuerza está en transformar problemas complejos en una historia simple de culpa colectiva. En vez de analizar causas, incentivos, instituciones o decisiones concretas, ofrece un enemigo fácil de odiar.
Por eso es tan eficaz en tiempos de crisis. Reduce incertidumbre, descarga frustración, une al grupo propio y permite al poder desviar responsabilidades. Pero su eficacia es también su peligro: cuando la culpa colectiva se normaliza, la exclusión, la represión y la violencia se vuelven más fáciles de justificar.
La clave no es negar que existan responsabilidades reales en política. La clave es no permitir que la responsabilidad individual sea sustituida por culpa colectiva, ni que la crítica legítima se convierta en persecución simbólica o material de grupos enteros.
Desde una perspectiva liberal, el punto central es claro:
una sociedad libre no puede sostenerse sobre castigo colectivo, enemigos permanentes y culpables fabricados. Necesita responsabilidad individual, evidencia, debido proceso, límites al poder y rechazo de la deshumanización política.